La vergüenza de los actos cometidos por muy pocos no puede caer sobre miles de militantes y millones de votantes socialistas

En el Derecho Penal tradicional, las organizaciones no delinquen, lo hacen las personas. Esto ha cambiado hoy, y aquellas sí pueden ser declaradas penalmente responsables si sus dirigentes cometen delitos en su nombre y en beneficio, directo o indirecto, de la organización. A partir de la Ley 7/2012, de lucha contra el fraude fiscal, se incluye a los partidos políticos como responsables de esos actos, siempre que se den las circunstancias descritas. Justamente por ello,

upremo-certifica-que-el-pp-se-lucro-con-la-trama-gurtel.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/espana/2020-10-14/el-supremo-certifica-que-el-pp-se-lucro-con-la-trama-gurtel.html" data-link-track-dtm="">el PP fue condenado por corrupción en el llamado caso Gürtel.

Sin embargo, para la derecha española y sus medios afines, el PSOE es una mafia dirigida por su secretario general, Pedro Sánchez. Ello, claro, sin base probatoria alguna y sin sentencia firme que así lo declare.

Los socialistas estamos acostumbrados a las violentas ofensivas que se suceden cuando obtenemos la confianza ciudadana para formar gobierno. Recordemos el llamado sindicato del crimen, grupo de periodistas y medios de comunicación críticos con el Gobierno de Felipe González, a quien trataron de desestabilizar de todas las formas a su alcance, incluidos los dudosamente legales o democráticos, como reconociera uno de sus integrantes, Luis María Anson. O cuando Mariano Rajoy, en la oposición, acusó a Zapatero de traicionar a los muertos y revigorizar a una ETA moribunda, cuando fue su Gobierno quien acabó con la actividad armada del grupo terrorista.