Todos dejamos un rastro de nuestro paso por la red. Un reguero de datos, imágenes, comentarios en sitios públicos que pueden influir en la reputación personal y profesional y, sobre todo, facilitar la tarea de los ciberestafadores. ¿Qué podemos hacer para controlar esa información?

Cada imagen que subimos, cada comentario que posteamos dibujan una silueta digital que los demás pueden ver, analizar e incluso utilizar en nuestra contra. No solemos ser conscientes de cuánta información privada compartimos sin querer: dónde estamos pasando el fin de semana, nuestra dirección de correo, fotos y más fotos en abierto en plataformas: información disponible para nuestros amigos, pero también para desconocidos. Explica Selva Orejón, especialista en reputación digital, que todo ello configura un ente disperso, silencioso y persistente: nuestra huella digital.

Es conveniente cuidar ese rastro para evitar sustos. Un comentario publicado hace 10 años, del que ya ni nos acordábamos, podría interferir en un proceso de selección laboral; una imagen nuestra acabar en el lugar equivocado, o nuestro número de teléfono en manos de estafadores. Por todo esto, señala la experta, conviene convertirse en un Sherlock Holmes de nuestro propio rastro para saber qué hay de nosotros disponible en línea y aprender a ser conscientes de las implicaciones que tiene cada paso que damos en la red.