Es urgente tomar las riendas de nuestra vida entre pantallas, así como de nuestra relación con la inteligencia artificial
Estos días, X, la plataforma que un día fue Twitter, está dejando a la vista algunos datos de sus usuarios que habían permanecido ocultos. Una nueva función permite ahora cotillear en sus cuentas con más fundamento. Es posible consultar, por ejemplo, la ubicación de cada perfil o el número de veces que el dueño de una cuenta le ha cambiado el nombre. No es para echar cohetes, pero se agradece una pequeña dosis de transparencia en un momento como este,...
en el que las todopoderosas plataformas digitales cierran las escotillas para mostrar cada vez menos de lo que pasa dentro. Por razones que hoy se nos escapan, Elon Musk nos ha encendido la linterna para iluminar uno de los recovecos de su red social, donde demasiadas cosas permanecen en la penumbra.
Resulta imposible no recordar, en este contexto, la escena de Casablanca en la que el capitán Renault irrumpe en el Rick’s Café y declara: “¡Qué escándalo! ¡Qué escándalo! He descubierto que aquí se juega", mientras un empleado le pone en la mano un fajo de billetes y le dice: “Sus ganancias, señor”. Es exactamente lo que ha sucedido al comprobar, gracias a las nuevas informaciones disponibles, que decenas de las cuentas de X más ruidosas del universo MAGA, que se presentan como patriotas irreductibles y guardianas del espíritu trumpista, no están en Estados Unidos, sino que son bots operados desde rincones lejanos como Filipinas, Nigeria, Pakistán o desde países del este de Europa. Que la parroquia ultra está inflada en X y en otras redes era una evidencia desde hacía años a la que ni gobiernos, instituciones ni periodistas hemos dado importancia hasta que nos ha estallado en la cara. Si en el Rick’s Café se jugaba, y lo sabíamos, también sabíamos que en las redes sociales la conversación política estaba, y está, profundamente alterada y adulterada.






