Habla del “equilibrio emocional” de Quintero González con tanta alegría porque ya no se recuerda a sí mismo discutiendo con medio mundo, incendiando partidos con el rictus de un faraón ultrajado

Me pregunto si es posible que Toño, el comentarista arbitral de Movistar+, se haya podido olvidar de que un día fue Mateu Lahoz, el rey de la baraja. A veces ocurre, no sería el primer caso de amnesia curricular vinculada al éxito profesional y tampoco será el último. Ni siquiera tienen que mediar el despecho o algún tipo de trauma o...

casionado por los excesos de una vida anterior: simplemente pasas página con la misma elegancia que uno olvida a un antiguo compañero de piso, sin rencores, como si ya no pudieras recordar quién dejó abierta la ventana para que se escapara el gato o si aquello no es más que otra leyenda urbana.

Todo apunta en esa dirección: Toño, que es como lo llaman ahora sus compañeros de faena, comenta las actuaciones de los árbitros en activo como si aquel colegiado exuberante, teatral y un poco pirotécnico hubiese sido otra persona, alguien del que oyó hablar una vez, pero con el que no se identifica en absoluto. Como Joseba, el de Carglass, nuestro experto de cabecera analiza, calibra y sentencia con una serenidad que roza lo divino: no fue él quien convirtió el Holanda-Argentina del pasado mundial de Qatar en una verbena de las tarjetas (sacó quince sin apenas pestañear), si acaso alguien que se le parecía.