En 2021 se subastaron cientos de artículos de la estrella del soul por miles de dólares, y Mitch Winehouse reclama ahora la parte de esas ganancias que se quedaron Naomi Parry y Cationa Gourlay, excompañeras de piso de su hija. Ellas defienden que vendieron regalos que les pertenecían legítimamente
La lápida de Amy Winehouse en Edgwarebury, un cementerio judío en el norte de Londres, está llena de nombres. La comparte con su abuela materna, Cynthia Levy, quien también había sido cantante de jazz en su juventud. “Por siempre en los corazones de sus familiares”, se lee en la piedra. Delante, hay una escultura de un libro con dos páginas llenas de nombres que no pertenecen a familiares, pero sí a amigos muy cercanos que también han querido quedar grabados junto a la estrella del soul para toda la eternidad. Dos de ellos son los de Naomi Parry y Catriona Gourlay, dos amigas que compartieron piso y vida con la cantante antes de
lla-amy-winehouse-y-el-camino-del-desastre.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/cultura/2021-07-23/una-decada-sin-ella-amy-winehouse-y-el-camino-del-desastre.html" data-link-track-dtm="">su fatídica muerte el 23 de julio de 2011, a los 27 años. Sin embargo, 14 años después, el padre de Amy, Mitch Winehouse, las ha demandado porque, según él, subastaron indebidamente posesiones de la artista que no les pertenecían.









