Los hondureños, sumidos en la incertidumbre por el ajustado resultado de las elecciones, asisten con opiniones encontradas al indulto al mandatario

Omar es propietario de una pequeña flota de automóviles en Tegucigalpa, trabaja como conductor y tiene bajo su dirección a otros chóferes. Su pequeña empresa se mantiene con vida pese a la amenaza constante que representan las pandillas y redes del crimen organizado que desarrollan sus negocios ilegales en Honduras, un país hundido en la violencia. “Tengo que pagar extorsiones”, dice. “Si no, no puedo trabajar”. Se refiere a las llamadas que recibe periódicamente y que exi...

gen el pago de cuotas con amenazas. Este hombre robusto apoya al conservador Partido Nacional y no esconde su simpatía con el expresidente Juan Orlando Hernández, liberado por un indulto de Donald Trump tras haber sido condenado a 45 años de cárcel por sus vínculos con el narcotráfico. La razón del apoyo de Omar es sencilla: dice que bajo el Gobierno de Hernández se sentía más seguro. Su respaldo es una muestra de cómo este país recibe divido la liberación de un mandatario que es señalado también de enormes actos de corrupción.

“Ahora solo tengo que pagarle a un grupo criminal”, dice resignado Omar. “Antes me llamaban hasta tres, pero eso se redujo con la mano dura de Juan Orlando. Secuestraban a compañeros conductores y exigían recompensas por liberarlos. Mataron a varios. Una vez nos llamaron pidiendo 100.000 lempiras (cerca de 4.000 dólares) para liberar a uno de nuestros compañeros. Amenazaban con cortarle un dedo o la mano. Reunimos 25.000 lempiras y pagamos”, recuerda. Dice que, con el actual Gobierno de Xiomara Castro, ha vuelto la sensación de miedo, por lo que, para él, la de Hernández no fue una mala administración. No le perdona, sin embargo, los casos de corrupción y menos haberse reelegido violentando la Constitución, que prohíbe categóricamente la reelección, pero asegura que Hernández fue víctima de una persecución política.