Arrecian las críticas republicanas al secretario de Defensa, Pete Hegseth, que afirma que no estuvo presente cuando se dio la orden de rematar a los tripulantes de una supuesta narcolancha

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, culpó a “la niebla”, pero, sobre todo, descargó en un subordinado su responsabilidad en una acción que podría contar como crimen de guerra: un segundo bombardeo sobre una supuesta narcolancha procedente de Venezuela en aguas del Caribe para rematar a los supervivientes de un primer ataque. Ese subordinado es el alto cargo del ejército que estaba al frente de la operación, el almirante Frank Bradley, que este jueves está citado en el Capitolio para dar explicaciones a los congresistas en una sesión a puerta cerrada.

El jefe del Pentágono se había jactado antes de que The Washington Post destapara la secuencia de los hechos de que aquel 2 de septiembre él había supervisado el ataque en remoto. Este martes, a la pregunta de un reportero y mientras arreciaba la tormenta de las sospechas de que el secretario de Defensa podría ser culpable de un crimen de guerra, Hegseth cambió su versión.

Estuvo al tanto, sí, luego tuvo que irse “rumbo a la siguiente reunión”, porque su agenda es “muy atareada”, y se enteró del resultado “horas después“. ”No me quedé. No vi personalmente a ningún superviviente”, dijo, “(...) porque esa cosa estaba en llamas y explotó, y con fuego y humo, pues no se ve nada. Hay imágenes digitales, hay… es lo que se conoce como la niebla de guerra”.