En solo seis meses de pontificado León XIV ya ha dado grandes momentos en internet

En 1980 se estrenó en los cines de EE UU una película basada en un sketch del triunfante programa de humor Saturday Night Live. Iba de dos hermanos de Chicago que decidían reunir a su banda de blues para recaudar fondos y así salvar el orfanato católico en el que se habían criado. El argumento estaba algo cogido por los pelos —en Estados Unidos las instituciones caritativas, religiosas y educativas están exentas de impuestos y el convento de Santa Elena de la Sábana Santa estaría incluido por los tres motivos— pero en realidad era una excusa para que John Belushi, uno de los protagonistas, diera rienda suelta a su pasión por el blues y

6-19/los-blues-brothers-o-como-dos-comicos-blancos-que-no-sabian-tocar-salvaron-una-industria-musical-negra.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/cultura/2024-06-19/los-blues-brothers-o-como-dos-comicos-blancos-que-no-sabian-tocar-salvaron-una-industria-musical-negra.html" data-link-track-dtm="">apareciese en escena con músicos a los que admiraba.

The Blues Brothers (que, en España, con discutible criterio, fue titulada Granujas a todo ritmo) fue una de las primeras películas rodadas en Chicago tras levantarse el veto oficioso impuesto por el alcalde Richard J. Daley desde 1959 hasta su muerte, en 1976. Ver a su ciudad en la gran pantalla fascinó a un joven veinteañero llamado Robert Francis Prevost hasta el punto de que, cuando fue a ver la película al cine con un grupo de amigos, vestía con su clergyman de sacerdote y las gafas de sol y el sombrero de los hermanos Blues.