Es la vieja historia de cómo un niño se embarca en una aventura absurda solo para darse cuenta de que no hay sitio como el hogar
De entre todos los alumnos de Amadeo Llados, hay dos que han destacado siempre por la ternura que inspiran incluso entre aquellos que se burlan de ellos. Fueron compañeros de piso, se apoyaron mutuamente, y entrenaron juntos hasta que el sueño americano les separó. Hoy les hablaré de uno de ellos, Saizar, que decidió hacer las Américas sin más ...
avales que una maleta llena de sueños.
Casi al mismo tiempo que Donald Trump volvía a la Casa Blanca, Saizar aterrizó en Miami para, cual cervatillo, quedarse deslumbrado por las luces de una ciudad que tardaría poco en atropellarle. Chicas operadas, chicos ciclados, billetes grandes, y muchos lambos (antiguamente conocidos como “haygas”).
Después de patearse pensiones más cercanas a A serbian film que a El árbol de la ciencia, se dio cuenta de que encontrar trabajo en Estados Unidos no es fácil si no tienes papeles y encima no hablas inglés. Tardó un par de semanas en sumar dos más dos, pero lo hizo. Compró un patinete para recorrer la inmensa ciudad de Miami repartiendo currículos, pero la cosa se complicaba. Le robaron el patinete. Pateó la ciudad en similares condiciones, y su mentor Llados le recomendó a un alumno que tenía un negocio consistente en visitar casas para sacar datos de la gente que vivía ahí (sic) con la intención de venderles seguros de vida.






