En sus 16 años como diputado y en sus dos anteriores campañas presidenciales, el republicano defendió una agenda valórica que en su nuevo intento por llegar a La Moneda ha elegido esquivar
A diferencia de sus dos intentos fallidos por llegar a La Moneda en el pasado (2017 y 2021), el republicano José Antonio Kast decidió estratégicamente en esta campaña presidencial esconder bajo la mesa sus posturas contrarias a los derechos reproductivos de las mujeres, el matrimonio homosexual, la adopción homoparental, la identidad de género, entre otros, esquivando todos los asuntos que en Chile se conocen como agenda valórica. Lo que sí ha dicho el ultraconservador en su tercera candidatura, donde corre con ventaja para la segunda vuelta del 14 de diciembre frente a la opción de la izquierda, Jeannette Jara, es que es un hombre de convicciones y que no las ha cambiado.
Entre “los ejes fundamentales de la propuesta programática” de su candidatura como independiente en 2017, se planteaba que los chilenos necesitaban un mensaje que “no tenga miedo de identificarse con principios y valores, que no esté “acomplejado” buscando caerle bien a todo el mundo o de no herir las susceptibilidades de nadie. Postulaba, por ejemplo, derogar “de inmediato” la ley de aborto en tres causales -violación, inviabilidad del feto y riesgo de vida de la madre-, oponerse a la aprobación del “matrimonio homosexual” -en el texto se utiliza el entrecomillado- y la opción de adopción, protegiendo el “interés superior del niño” el cual “está constituido por el derecho de todo niño a tener un papá y una mamá”.






