Llega el frío, una de las mejores excusas para quedarse en casa leyendo. Y, como siempre, la ficción criminal viene cargada de buenos libros

El género negro siempre da de sí. La excusa es lo de menos, pero la del frío me gusta especialmente. Aquí van algunas de las mejores novelas que he leído estos meses y que se pueden encontrar en librerías. He buceado en el océano de novedades y me ...

he topado con varias que he terminado a duras penas o que no merecían la pena desde el principio. Eso me ha quitado tiempo para leer otras cuya ausencia será considerada por algunos poco menos que un delito. No queda más remedio que seleccionar pero, como siempre, les garantizo que aquí está todo leído. Vamos desde alguna sorpresa underground a dos novelas monumentales, pasando por un par de ejemplos de ese subgénero que podríamos denominar “pueblo pequeño, infierno grande” y otras muchas cosas. Pasen, lean y disfruten.

El señor Fox, Joyce Carol Oates (Alfaguara, traducción de Ismael Belda). Con Carol Oates hay que tener cuidado para no morir aplastado (y no por su tendencia a crear libros larguísimos). Uno abre esta novela, enorme en varios sentidos, y encuentra desde el inicio tal efervescencia narrativa, tal facilidad, tales excesos que no sabe si va a poder con todo. Empieza la narración desde el punto de vista de una terrier que chapotea en una charca y lo sigue con una niña repelente y fascinante a partes iguales que tira de su padre en esos mismos humedales. Algo turbio se esconde por ahí, pero eso viene luego. En el tercer capítulo toda esa exuberancia se sustituye por un estilo seco para hablar de dos hermanos chatarreros y establecer el tercer vértice de la historia: ellos encuentran el cadáver, pero ¿qué cadáver? Manejar el ambiente con el estilo: no lo intenten en casa. Y llega el señor Fox, en una escena terrible, asquerosamente pedófila, inevitable dentro de esta historia. Y con todas las cartas en la mesa, Carol Oates nos envuelve con su verborrea, nos controla la información, nos deja avanzar lo justo.