El presidente alemán y el rey Felipe VI asisten junto al lehendakari a un homenaje a las víctimas del bombardeo del 37 que destruyó la villa foral
Se hace un silencio completo en el cementerio de Gernika (Bizkaia) mientras suenan los repiques de la campana. La solemnidad es total. El jefe del Estado alemán, Frank-Walter Steinmeier, permanece de pie y con la cabeza agachada en señal de respeto. Es un gesto sincero y premeditado que simboliza el perdón que Alemania quiere trasladar a todas las víctimas del bombardeo de la villa foral ocurrido el 26 de abril de 1937, un día de triste recuerdo en el que participó la aviación nazi en apoyo de las tropas franquistas causando más de un centenar de muertos y la destrucción total de la villa foral vizcaína. A Steinmeier lo acompañan el rey Felipe VI y el lehendakari, Imanol Pradales, frente al mausoleo donde reposan los restos de las víctimas, en un acto que simboliza el abrazo de Gernika y entraña el reconocimiento del dolor causado. Es el mayor tributo que han recibido en 88 años los damnificados de aquella barbarie.
La ceremonia de este viernes, nunca antes vivida con este nivel de representación institucional, supone un paso adelante en favor de la convivencia y la memoria frente a la masacre vivida en Gernika en el 37. Ha sonado la pieza musical Gernika, de Pablo Sorozábal, antes del tañido de la campana que durante el bombardeo estaba en lo alto de la iglesia San Juan de Ibarra, destruida durante el ataque aéreo. Dos funcionarios de la embajada alemana han depositado una corona de claveles blancos con la bandera alemana en la escalinata del templete del cementerio. Se ha guardado un minuto de silencio para poner fin a este homenaje a las víctimas. Entre los asistentes se encontraban supervivientes de la masacre, como Crucita Etxabe y Mari Carmen Aguirre, que han sido saludados por las principales autoridades.








