La película se asienta en las excelentes interpretaciones de Patricia López Arnaiz y Javier Rey, pero la trama se atasca y se repite

La serie Black Mirror comenzó a darnos algunas sobrecogedoras pistas de lo que podría ser nuestro futuro más inmediato hace ahora 14 años. Y en esta década y media de extraordinarios capítulos en general, y solo puntuales desvaríos en particular, nos hemos ido dando cuenta de que lo que pensábamos que se desarrollaría pasado mañana ha ido llegando en un mañana a punto de ser hoy. La velocidad a la que la

rtificial/" data-link-track-dtm="">inteligencia artificial nos está atropellando cuenta con ese componente de fascinación terrorífica que siempre ha tenido la ciencia ficción. Así que ha llegado un momento en el que la enorme influencia de la serie en el audiovisual de medio mundo ya no se sabe si viene dada por razones puramente artísticas o porque, con independencia de las creaciones del talentoso Charlie Brooker, es la pura realidad la que no deja de empujar a numerosos cineastas a ofrecer su particular visión del asunto.

En esta línea han ido apareciendo en el cine español un puñado de aportaciones que, teniendo siempre en cuenta los limitados (cuando no exiguos) presupuestos económicos, han venido reflexionando, y a veces divirtiendo mientras se sufría, acerca de la IA. Así, a la fundacional Eva, de Kike Maíllo, estrenada en 2011 —el mismo año de comienzo de Black Mirror—, le han seguido algunos títulos con premisas atractivas y resultados dispares: Autómata, de Gabe Ibáñez; Justicia artificial, de Simón Casal; y Daniela Forever, de Nacho Vigalondo. Un grupo al que ahora se une Singular, de Alberto Gastesi, con una base quizá demasiado semejante a la de algunos grandes capítulos de Black Mirror, particularmente uno de los mejores: Ahora mismo vuelvo, primer episodio de la segunda temporada.