Un informe de Standard & Poor’s señala la gobernanza del grupo como uno de los aspectos a mejorar

El Corte Inglés pone fin a uno de los meses más agitados de los últimos años en su gobierno corporativo. El grupo de distribución ha remodelado en menos de 30 días sus dos principales cargos, los de presidenta y consejero delegado, aunque por motivos distintos y, según la versión de la compañía, sin correlación entre uno y otro movimiento.

Culminada esta reforma exprés, el grupo da por cerrados los cambios y continuará con el plan de negocio iniciado en marzo con su actual estructura de gobierno, pese a que ni el consejero delegado que lo ideó en buena parte, Gastón Bottazzini, ni la presidenta que lo puso en marcha, Marta Álvarez, siguen en sus puestos. Pese a ello, el grupo no prevé modificar la hoja de ruta. Mantendrá la presentada a los accionistas el pasado julio, con un horizonte hasta 2030, y que por primera vez en 15 años deja de priorizar el ajuste de la estructura y la reducción de deuda, para dedicar recursos al crecimiento y la remodelación de sus puntos de venta. Unos 3.000 millones serán destinados a ese fin, si se cumplen los objetivos.

De esta manera, el rumbo de la empresa lo marcará a partir del 15 de enero un consejo de administración presidido por Cristina Álvarez, sin presencia de miembros ejecutivos, y reducido a nueve miembros tras el despido en octubre de Bottazzini. Dentro del órgano de gobierno, gana relevancia su comisión de seguimiento, creada antes del verano. La misma también estará presidida por Cristina Álvarez, y la completarán la presidenta saliente, Marta Álvarez, y José Ramón de Hoces, consejero secretario y persona de la máxima confianza de ambas.