Los ejes comerciales de la capital catalana exigen equidad fiscal con las grandes plataformas de compraventa electrónica para poder competir
En vísperas del Black Friday, el centro de Barcelona se viste de ofertas y promociones para atraer a un público que busca ajustar las necesidades a sus bolsillos. No obstante, la campaña ha pasado de ser una fecha puntual, con ofertas extraordinarias, a un fenómeno global que, año tras año, se adelanta. Y es que a comienzos de noviembre, los escaparates ya se engalanaban para la ocasión con anuncios luminosos y carteles en las entradas que invitaban al consumidor a planificar sus compras. Pero el fenómeno ha alcanzado tanta intensidad que el...
comercio local no puede hacer frente a la competencia de las grandes plataformas de comercio electrónico.
El Black Friday tiene sus orígenes en Estados Unidos y se celebra el día después de Acción de Gracias, cuando los negocios necesitan liquidar existencias. Dicha festividad no se celebra en España, por lo que los comerciantes no ven lógico hacer rebajas a una semana de que empiece la campaña de Navidad, la más importante del año. “Importar el Black Friday en España es el peor invento que se ha hecho porque solo beneficia a las grandes superficies”, lamenta Jordi, empleado de una franquicia de venta de electrodomésticos y productos del hogar en Barcelona.






