Los inversores ya empezan a ver que hay algo sospechoso en la euforia con la inteligencia artificial. ¿Qué haremos con lo que sobreviva de la crisis?
Michael Burry fue el inversor que identificó antes que nadie la fragilidad del mercado hipotecario estadounidense y decidió apostar contra él antes de la crisis de 2008. Christian Bale hacía de Burry en la película The Big Short. Se dio cuenta de que las hipotecas subprime eran un sinsentido acumulando impagos ocultos, un castillo de naipes legitimado por instituciones como Goldman Sachs, Lehman Brothers, y JP Morgan.
ncieros/2025-10-31/el-inversor-que-gano-700-millones-con-la-caida-de-2008-carga-contra-el-mercado-de-la-ia-a-veces-vemos-burbujas.html" target="_self" rel="" title="https://cincodias.elpais.com/mercados-financieros/2025-10-31/el-inversor-que-gano-700-millones-con-la-caida-de-2008-carga-contra-el-mercado-de-la-ia-a-veces-vemos-burbujas.html" data-link-track-dtm="">Ahora piensa lo mismo de la industria de la IA y por eso ha dejado caer su participación en Nvidia, la empresa más sólida del sector. Su lógica se basa en la hiperinflación del valor inmediato de la IA, y de un pequeño detalle de contabilidad.
Todos están pidiendo prestado para construir la infraestructura física de la IA: servidores, centros de datos, fibra óptica, maquinaria y, sobre todo, chips de Nvidia a precios disparatados. En consecuencia, Nvidia es la única que tiene los chips y la única que tiene flujo de caja. En mitad de esta bonanza, Nvidia ha empezado a invertir en empresas como OpenAI para que tengan dinero suficiente para continuar con la expansión de centros de datos y llenarlos de Nvidia H100. Lo hemos llamado —irónicamente— “economía circular”. Técnicamente, la expansión aumenta el valor de OpenAI, haciendo que la inversión de Nvidia valga más. Pero Nvidia ha contabilizado esa pasta como ganancia y no como gasto; y OpenAI también.









