El derrumbe llega ocho meses después del accidente de Cerredo, que dejó cinco muertos, y eleva a siete las víctimas mortales en minas asturianas este año

A media tarde del viernes, la aldea de Vega de Rengos se quedó en silencio. El sonido de las ambulancias rompió la calma del valle y la noticia del derrumbe corrió de móvil en móvil. “Aquí las cosas se saben en minutos”, contaba José Manuel Rodríguez, vecino del concejo. En un bar cercano, varios habitantes seguían las actualizaciones oficiales con la inquietud de quien conoce bien el trabajo de los mineros. ...

La preocupación se mezclaba con la amarga familiaridad que esta zona suroccidental de Asturias ha aprendido a reconocer. No era la primera vez que el territorio contenía la respiración a la espera de noticias desde el interior de una mina. “La espera es lo peor”, decía José. “Sabes que cada minuto cuenta y no puedes hacer nada.”

La confirmación de la tragedia llegó poco antes de las ocho de la tarde. A las 19.45, los equipos de rescate accedieron al cuerpo del primer minero, Óscar Díaz, ya sin vida. El dispositivo volcó entonces todos los esfuerzos en el segundo trabajador, Anilson Soares. Los equipos lo localizaron poco después, pero liberarlo fue extremadamente complejo porque el derrumbe lo mantenía sepultado en una zona aún inestable. Su cuerpo pudo ser recuperado pasadas las 23.30. La tragedia alcanzó de lleno a su familia, que ya había perdido a otro de sus miembros en un accidente minero. Su hermano menor, Adolfo, falleció en 2007 en un derrumbe en el Pozo Calderón, en Villablino.