El término define la conexión de los fans con los famosos y sirve para plantear dónde está el límite entre la admiración y la obsesión

A las siete de la tarde —hora peninsular— del 26 de agosto, Taylor Swift y Travis Kelce anunciaron que se casaban. La estrella del pop y el deportista compartieron la noticia en Instagram, pero con la publicación cerrada a comentarios —como todas las de la cantant...

e, y por algo será—. Los minutos, horas y días que siguieron al compromiso se llenaron de noticias sobre la pareja, incluidas reacciones de amigos, como Selena Gomez o Patrick Mahomes, y de no tan amigos, como Donald Trump. Las redes sociales también se llenaron de miles de comentarios y vídeos de las reacciones de los fans que celebraban la noticia como si contrajera matrimonio su propia hermana. “¡Estoy tan feliz por mi querida amiga, Taylor Swift!”, escribía un usuario de X —que se define como “Swiftie a tiempo completo”— minutos después del anuncio. “¿¡Acabo de gritar en mi oficina?! ¡Tuvieron que venir a ver qué me pasaba!”, compartió otro. Hubo quien no entendía tanto entusiasmo: “Quizás deberías replantearte tu vida y ver si puedes cambiarla por una nueva”, le respondió un usuario a otro que aseguraba estar “chillando, llorando” y hasta “vomitando” de la emoción.