Educar en la aceptación del error es un componente indispensable del proceso de aprendizaje y contribuye a formar individuos más resilientes, constantes y humildes
Estamos inmersos en una cultura que exalta la competencia y alaba el primer puesto, donde fallar tiene poca cabida y el éxito parece ser la única medida del valor personal. Desde muy temprano, se transmite la idea de que solo vale ganar, sobresalir, destacar en todo. Esta mentalidad, cada vez más presente en el ámbito escolar, familiar y digital, limita el desarrollo de
f="https://elpais.com/mamas-papas/expertos/2023-12-18/lo-mejor-que-le-puede-pasar-a-un-nino-es-que-le-dejen-equivocarse.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/mamas-papas/expertos/2023-12-18/lo-mejor-que-le-puede-pasar-a-un-nino-es-que-le-dejen-equivocarse.html" data-link-track-dtm="">habilidades fundamentales como la resiliencia, la autocrítica o la tolerancia a la frustración.
Las derrotas suelen quedar ocultas, mientras que el éxito se exhibe en las redes sociales que, a menudo, ofrecen una imagen distorsionada de la realidad. En este contexto, resulta esencial que niños y adolescentes aprendan a perder con sentido. Es crucial que comprendan que el error forma parte del proceso de aprendizaje, que equivocarse también aporta crecimiento y que no alcanzar una meta no equivale al fracaso, sino que puede convertirse en una oportunidad para fortalecerse y madurar.






