El Gobierno coloca a Óscar López como la voz más crítica con el fallo del Supremo y rival absoluto de Ayuso, que denuncia “una dictadura”
Isabel Díaz Ayuso utiliza en sus discursos varios nombres propios recurrentes entre los que no se encuentra el de Alberto Núñez Feijóo, el jefe de su partido. Ni siquiera lo hace cuando menciona las elecciones generales o se refiere a asuntos de carácter nacional. La presidenta de Madrid es una y trina, de una naturaleza distinta a todos sus compañeros del PP. Se retroalimenta a sí misma de una manera en la que no tiene cabida nada más. Es ella, en solitario, contra todo y contra todos.
Ese choque, en realidad, puede reducirse a una sola persona: Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Una buena parte de la política nacional gira en torno a los ataques que se dedican la presidenta de Madrid y el presidente del Gobierno central. Ayuso descubrió, desde muy pronto, que su naturaleza política tiene sentido en cuanto se contrapone a la del líder socialista. Sabe bien que a sus seguidores les da urticaria cuando ven a Sánchez. De vuelta, la izquierda dibuja a Ayuso como el símbolo de las privatizaciones y el deterioro de los servicios públicos.
No resulta extraño que el principal enfrentamiento político en España se libre en Madrid. Sacados de esa ecuación el alcalde, José Luis Martínez-Almeida, y opacado Feijóo, la batalla política y cultural entre PP y PSOE ha echado raíces aquí. El juicio en el que ha sido condenado por revelación de secretos el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, ha sido un encontronazo brutal entre dos posturas irreconciliables. Una historia de fraude fiscal, togas y conspiraciones que ha removido los cimientos del Estado.






