Al Fondo Mundial le toca reinventarse una vez más porque el contexto ha cambiado. Los donantes recortan sus presupuestos de ayuda, mientras las comunidades reclaman más protagonismo

Durante las últimas dos décadas, el mundo ha sido testigo de avances extraordinarios en la salud mundial: se han salvado decenas de millones de vidas, la mortalidad ha caído drásticamente y la esperanza de vida ha aumentado de forma espectacular incluso en los países más pobres.

Sin embargo, el contexto ha cambiado. Los donantes están recortando sus presupuestos para la ayuda. Los países ejecutores quieren tomar la iniciativa. Las comunidades reclaman más protagonismo. El modelo responsable de tantos logros no será el que nos permita seguir avanzando.

Para adaptarnos a esta nueva realidad, debemos transformar el ecosistema de salud mundial para que sea más eficiente e innovador, responda mejor a las necesidades de los países y esté más integrado.

La asociación del Fondo Mundial se creó hace algo más de 20 años con el fin de cubrir un vacío flagrante en el sistema. Mediante la combinación de las capacidades gubernamentales con la pasión de las comunidades, el alcance de la sociedad civil y el pragmatismo del sector privado, esta asociación público-privada única ha demostrado ser extraordinariamente eficaz al salvar 70 millones de vidas y reducir la tasa de mortalidad combinada del sida, la tuberculosis y la malaria en un 63%.