El proyecto ganador del concurso para el Memorial de Cuelgamuros, ‘La base y la cruz’, es sensible con un entorno que ha visto desfilar discursos, silencios, celebraciones, protestas, huidas, plegarias y fotos turísticas

Se ha fallado el concurso de arquitectura para el Memorial de Cuelgamuros y, en mi opinión, el ganador es un proyecto estupendo. Muy sensible y muy delicado, especialmente cuando la premisa era tan compleja. ¿Por qué? Esencialmente porque la piedra guarda la memoria mejor que los hombres. No porque posea una forma mineral de conciencia, sino porque no tiene elección: permanece. ...

Cuando miramos la piedra del Valle de Cuelgamuros —un nombre que todavía vibra con el eco del anterior, como si hubiera que pronunciarlo dos veces para que se asentara del todo—, la impresión es la de algo que ha estado mucho antes de que nosotros llegáramos y que seguirá allí mucho después. La piedra ha visto desfilar discursos, silencios, celebraciones, protestas, huidas, plegarias, fotos turísticas, y hasta esos años en los que nadie sabía exactamente cómo mirar este lugar sin que el gesto se cargara de sentido político inmediato. La piedra sigue ahí, inmóvil y paciente, con la única función aparente de recordar lo que a los siglos humanos se les escapa.