El informe de la Fundación FOESSA denuncia las “barreras estructurales” y los “escasos” recursos para las personas en riesgo de exclusión social.
El crecimiento económico en la Comunidad de Madrid no ha ido acompañado de una evolución semejante en niveles de exclusión social. Esa es una de las conclusiones recogidas en el Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social en la Comunidad de Madrid referente a 2024 elaborado por la Fundación FOESSA (Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada), vinculada a Cáritas Española, que ha sido presentado este martes en la sede de la confederación de la iglesia católica en España. Según el coordinador del informe, Raúl Flores, la región madrileña se encuentra en la mitad de la tabla en términos de exclusión social si se la compara con otras comunidades autónomas. Sin embargo, “destaca negativamente” en la cuestión central a la hora de valorar la pobreza y la exclusión: la vivienda. También tiene alguno de los peores registros “en lo que se refiere a salud y atención sanitaria”.
“La vivienda es hoy un problema de exclusión y desigualdad que afecta al 23% de la población madrileña”, ha asegurado Flores durante su comparecencia. El estudio presentado por FOESSA, en el cual han participado 180 investigadores de 51 universidades, explica que hay una “parte creciente” de la población que no puede acceder a una vivienda en propiedad. Estas personas se ven obligadas a acudir al mercado del alquiler donde los precios se han incrementado “un 24% respecto a 2018”. Flores ha destacado que en la Comunidad de Madrid hay 400.000 personas en “viviendas inseguras” y otras 700.000 que se encuentran en condiciones de hacinamiento o insalubridad en sus hogares: pisos compartidos donde se acumulan inquilinos en las habitaciones y hasta las zonas comunes. Este problema habitacional es especialmente duro con los jóvenes, la población migrante y las familias monoparentales. Según FOESSA, “más de la mitad de los hogares en régimen de alquiler destinan a los gastos de vivienda más del 30% de su presupuesto mensual”, mientras que uno de cada seis, una vez pagados los gastos básicos, cae por debajo del umbral de la pobreza.






