Klimt, Picasso o Matisse son algunos de los maestros que coleccionó el magnate de la cosmética, fallecido hace unos meses, y que hoy salen a la venta en una de las pujas del año

En los nobles corrillos de la Gran Manzana, Leonard A. Lauder solía contar la anécdota de cómo cayó rendido a los seis años ante una postal del Empire State Building. Esa imagen a pequeña escala del emblemático rascacielos de Nueva York fue el arranque de una colección que llegó a contar más de 125.000 postales de todo el mundo. “No se puede formar una buena colección a menos que uno sea disciplinado, tenaz y esté dispuesto a pagar más de lo que uno puede permitirse”, declaró en una ocasión al diario New York Times.

El afán por acumular objetos de gran belleza que caracterizó al presidente de la compañía Estée Lauder hasta su fallecimiento en junio de este año, a los 92 años, tuvo en el arte de vanguardia su mayor proeza. Durante más de cuatro décadas, el heredero del imperio cosmético que fundaron sus padres –y que catapultó hasta ser una de las empresas más fructíferas del mercado– se dedicó a adquirir obras maestras del siglo XX, siempre motivado por un instinto extraordinario a la hora de reconocer la genialidad del arte moderno antes que los demás.