El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, compareció en un programa de Radio 3 para hablar de música y alabó el nuevo disco, ‘Lux’, de la artista catalana

Como Pedro Sánchez, yo también había sacado una hora para escuchar el Lux de Rosalía. Me adelanté al presidente, escuché el disco antes de que este saliera en Radio 3 proclamando su “sigamos todos juntos, y yo el primero, por la senda rosaliacional”. Puse el letrero de no molestar y abrí las orejas para que el espíritu de mi tiempo me poseyera. ...

Lux es soberbio, Rosalía tiene un talento sobrenatural y hay canciones de belleza perturbadora e intimísima. Celebro que esta rareza tan alérgica a cualquier etiqueta triunfe en un mundo dominado por lo obvio y lo premasticado. Los del morro torcido que la denuestan como un producto de marketing discográfico están ciegos: Rosalía no puede inventarse. Si un ejecutivo pudiera diseñar una artista así, habría un millón de clones.

Reconociendo todo esto, su música no es mi taza de té, como dicen los que saben inglés y toman té. La celebro y la admiro, pero mi alma prefiera elevarse a los cielos con el violín de María Dueñas, que esta semana casi reventó el Auditorio Nacional, aunque los aplausos sonaron a muy poquita cosa bajo el clamor de Rosalía. Cada cual ve a Dios donde puede, y Teresa de Ávila lo encontraba en los pucheros, no lo olvidemos.