El presidente de Estados Unidos y Maduro se enfilan a un duelo en el que el republicano se juega su credibilidad y el venezolano, la continuidad en el cargo
La hora de la verdad parece cada vez más cerca. Donald Trump ya sabe “más o menos” ―en sus palabras― los objetivos en Venezuela del gigantesco despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe, tras una semana de múltiples consultas, según afirmó el viernes a bordo del Air Force One. Mientras, América Latina —y el resto del mundo— contienen el aliento sobre una decisión que puede desencadenar un grave terremoto geopolítico en un continente más polarizado que nunca.
No está claro aún qué es lo que se propone Trump en la zona. Representantes de su Administración, como el secretario de Estado, Marco Rubio, insisten en que la campaña militar ―que en dos meses y medio ha atacado una veintena de supuestas narcolanchas, matando al menos a 80 personas en el Caribe y el Pacífico oriental― es una mera operación antidroga. Pero mientras amasa un poderío naval frente a las costas de Venezuela, sin precedentes desde hace décadas en la zona, el propio presidente ha hablado en público de una “fase dos” de la operación que incluiría objetivos en tierra.






