El estudio del cráneo de medio millar de cánidos muestra que su morfología era muy variada poco después de su domesticación

En la Inglaterra victoriana de la segunda mitad del siglo XIX, 12 distinguidos caballeros encabezados por Sewallis Shirley crearon el Kennel Club. Era la época en la que se popularizaron las leyes mendelianas de la herencia y las teorías de Charles Darwin. Con el club, Shirley, parlamentario en Westminster (como antes lo fueron su padre y su abuelo) quería crear las normas para determinar y mantener el pedigrí de las muchas razas de perros que surgían en aquellos años. Hoy, con decenas de clubes Kennel por todo el mundo y miles más afiliados, se cree que la diversidad de razas de canes (359 reconocidas por Federación Cinológica Internacional, y contando) se produjo en ese tiempo. Un trabajo publicado en Science matiza esa idea: hace más de 10.000 años, ya había perros de toda forma y tamaño.

En algún momento del final de la última glaciación, los científicos no se ponen de acuerdo en el cuándo, los humanos domesticaron a lobos o quizá a un ancestro común de lobos y perros, cuyos descendientes nos han acompañado desde entonces. Las autoras del nuevo trabajo tampoco despejan la duda, ni lo pretendían. Pero lo que muestran de forma contundente es que desde hace al menos 11.000 años los canes ya eran morfológicamente canes. Y no solo eso, también demuestran que tenían un abanico de formas y tamaños, quizá no tan extremo como en la actualidad, pero sí mucho más diverso de lo que se creía.