Los progresistas arrebatan la bandera de la crisis habitacional a la ultraderecha y vencen en Nueva York, Países Bajos e Irlanda

Zohran Mamdani acaba de alcanzar la alcaldía de Nueva York con una poderosa idea fuerza: facilitar el acceso a una vivienda asequible, una quimera hoy. Su gran promesa es congelar los alquileres de renta controlada en una ciudad en la que los alquileres de 2.000 dólares (1.800 euros) son cosa del pasado desde hace años ―

is.com/us/2025-11-05/asi-logro-zohran-mamdani-una-victoria-historica-en-nueva-york.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/us/2025-11-05/asi-logro-zohran-mamdani-una-victoria-historica-en-nueva-york.html" data-link-track-dtm="">hoy rondan los 3.000, de media― y en la que el alto coste de vida golpea incluso las familias con sueldos que prácticamente en cualquier otro rincón de Occidente harían los ojos chiribitas.

Menos de una semana antes del triunfo de la izquierda en la cuna del capitalismo, una formación política progresista, pero de corte mucho más templado, D66, se imponía en Países Bajos con la misma promesa: aliviar el embudo de la vivienda. “Todos los cerdos de este país tienen un techo sobre su cabeza, pero un estudiante o un joven ni siquiera puede encontrar un armario escobero asequible”, decía gráficamente, en campaña, el futurible primer ministro neerlandés, Rob Jetten. Todo apunta a que Geert Wilders y su incendiario discurso xenófobo quedarán fuera del Gobierno: la crisis de habitabilidad, en fin, importa más a los electores que la inmigración.