Ana Martínez |Vigo, 12 nov (EFE).- Con la fortaleza que la caracteriza y con un halo de calma y paz alejado de la tensión en la pista, la tricampeona mundial y medalla de oro olímpica en Río 2016 Carolina Marín (Huelva, 1993) ha confesado este miércoles en Vigo que en su palmarés hay algo que no esperaba.«Es una medalla en forma de cariño y amor», esa con la que se topó tras lesionarse en la rodilla en los Juegos de París 2024, a tan solo once puntos (21-14 y 10-6) de una final olímpica y en las semifinales contra la china He Bing Jiao.

«La guardo en mi corazón», ha contado en el congreso Vigo Global Summit en una conversación con el presidente de EFE, Miguel Ángel Oliver, un fluido diálogo en el que ha habido tiempo para anécdotas personales y deportivas de una atleta, premio Princesa de Asturias de los Deportes 2024, que ha confesado que sufrió acoso escolar y que le ha afectado.Su preparación extrema, física y mental, han hecho que a lo largo de su vida pudiese hacer frente a situaciones complicadas, como esta o la muerte de su padre hace cinco años.

«Puedo, porque pienso que puedo»

«Puedo», es la palabra a la que recurre siempre la protagonista del documental ‘La lucha infinita’. «Puedo, porque pienso que puedo».Con esta forma de pensar y con la ayuda de la ciencia médica, ella ha conseguido superar tres veces lesiones muy importantes y alcanzar algo tan insólito como volver a su mejor nivel.Cuando no consiguió el sueño de conseguir su segunda medalla de oro olímpica y toda España lloró ante las pantallas ante un momento que ella define como «impactante», se resistió a dejarse llevar por la tristeza.Ha defendido ‘Carito’ Marín, como la llama su madre Toñi, la necesidad de desconectar para volver a conectar, «siempre, siempre».Lo que menos quiere, de hecho, es acabar con una prótesis por «ir a lo loco», porque el deporte de alta competición tiene una «fecha de caducidad» y la salud es lo que prima.