Las acciones de activistas en museos de todo el mundo para llamar la atención sobre el calentamiento global plantean la duda de si se trata de actos de desobediencia ante la inacción política o ataques injustificados contra el patrimonio cultural
En los últimos años han aumentado las protestas que implican atacar o alterar obras de arte con el fin de visibilizar la gravedad de la crisis climática. Ese tipo de actos asegura una atención mediática mucho mayor que una protesta tradicional. ...
La profesora María Dolores Jiménez-Blanco considera que el uso de la violencia o cualquier acción que ponga en riesgo el patrimonio cultural son inaceptables. La escritora Azahara Palomeque recuerda que a lo largo de la historia la desobediencia civil ha sido fundamental para lograr avances en materia de derechos.
El 4 de marzo de 1914, la sufragista anglocanadiense Mary R. Richardson rajó con un cuchillo de cocina la pintura de Velázquez que en España conocemos como La Venus del espejo y que en Inglaterra conocían como Rockeby Venus. El cuadro estaba a la vista de todos en una de las salas de la National Gallery de Londres, y Richardson, muy consciente del prestigio de la pieza y de su capacidad de atraer la atención del público, decidió atacarlo para protestar por la detención de una de sus compañeras del movimiento por el voto femenino, Emmeline Pankhurst. No era la primera vez que ocurrían cosas así en museos y otros espacios dedicados a la cultura, y tampoco sería la última.







