El auge del ‘phishing’ en el sector eléctrico demuestra que cualquier persona puede ser víctima. Urgencia, confianza y datos reales son las armas de unos estafadores que buscan beneficios inmediatos o información personal. Su técnica preferida, la estafa telefónica
La digitalización nos ha facilitado la vida en muchos sentidos. Pagamos las facturas desde el móvil, gestionamos contratos desde aplicaciones y recibimos información en tiempo real a través del correo electrónico. Sin embargo, esta comodidad también conlleva ciertos riesgos, entre ellos, los intentos de estafa vinculadas al suministro eléctrico con prácticas conocidas como phising.
Cualquier persona puede ser víctima de este tipo de estafa. Según la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), casi el 7% de los cambios de comercializadora de electricidad y gas presenta algún tipo de irregularidad documental o falta de consentimiento claro. En el sector se está comprobando que el principal canal para estas prácticas fraudulentas es el telefónico y estas llamadas malintencionadas acaban llevando al cliente de una compañía a otra muchas veces sin darse cuenta y, por supuesto, sin su consentimiento.
El phishing no es nuevo. El término se acuñó hace más de tres décadas, cuando los ciberdelincuentes intentaban obtener contraseñas de acceso a Internet mediante correos falsificados.






