El Gobierno de Maduro decide una hora antes del cierre no suscribir el documento final en desacuerdo con el capítulo dedicado a la guerra en Ucrania

El domingo por la noche, en el cierre de la cuarta cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Unión Europea (UE), el presidente anfitrión, el colombiano Gustavo Petro, enumeró los países de América Latina que habían firmado la declaración final del encuentro. Se esperaba, sin demasiada sorpresa, la ausencia de Nicaragua, que ya había anticipado sus intenciones de bloquear todo el proceso. Lo que nadie esperaba era que en el listado no estuviese Venezuela. El Gobierno de Nicolás Maduro había decidido “disociarse”, ese es el término diplomático al uso, del texto y en el último minuto, tras participar de todas las negociaciones previas, no firmó. Un día después del cierre de la cumbre, las fuentes diplomáticas consultadas no lograron encontrar una explicación racional a la estrategia de Caracas.

Lo de Venezuela “es un suicidio diplomático inexplicable”, dicen desde una Cancillería sudamericana. En otro Ministerio de Exteriores se refieren a la “locura” de aislarse en momentos en que Caracas está bajo la amenaza de Estados Unidos. Los ataques ordenados por Donald Trump a presuntas narcolanchas venezolanas en aguas del Caribe tienen al Gobierno de Maduro en una situación de estrés político extremo. Desde Washington agitan sin disimulo el fantasma de un posible ataque militar al amparo de la lucha contra el narcotráfico. La CELAC, que nació como una alternativa a la Organización de Estados Americanos (OEA) sin Estados Unidos, parecía el espacio ideal para que Venezuela se arropase tras un manto de apoyos regionales.