Europa también se pregunta hoy a quién debe telefonear si quiere hablar con América Latina y el Caribe

“¿A quién debo telefonear si quiero hablar con Europa?”. La frase, cargada de sarcasmo, se atribuye a Henry Kissinger, jefe de la Diplomacia estadounidense durante la Administración de Nixon y uno de los grandes estrategas durante la Guerra Fría, referida a una etapa en la que la Unión Europea estaba en construcción.

Estos días, en Santa Marta, la ciudad más antigua de Latinoamérica, la pregunta se podría formular perfectamente para la región, aunque con bastante menos acidez, conscientes cómo son los europeos de lo difícil que es arrancar consensos. ¿A quién llamar? ¿Al bloque de Lula, Boric y Petro? ¿Acaso son un bloque? ¿A Bukele, Milei o Noboa? ¿Jerí o Rodrigo Paz? Tal vez no había una región tan fragmentada en 30 años (“Nos hemos convertido en una región balcanizada y dividida”, dijo Lula). Y de los citados nombres propios, a la Cumbre de la CELAC y la UE sólo vinieron el líder colombiano, anfitrión de la cita, y el brasileño. Hubo una presencia muy poderosa, no en carne mortal pero sí en espíritu, la de Donald Trump.

En plena escalada arancelaria, creciente conflicto por los ataques con misiles a las narcolanchas y coacción directa sobre la política nacional (como ha ocurrido con Brasil o Argentina), la declaración no menciona a Estados Unidos, habida cuenta de que, al hacerlo, difícilmente muchos países la hubiesen suscrito.