La vida privada rey emérito no se corresponde con el desarrollo de su vida pública, pero resulta incomprensible que no participe en los actos de conmemoración de la corona

Los libros de memorias, especialmente los escritos por políticos o personajes relevantes en la vida pública de un país, suelen tener dos objetivos, presentar al protagonista como una víctima o resaltar la complacencia con sus propias facultades. Suelen ser más interesantes las memorias publicadas póstumamente, porque pierden algo de ese carácter narcisista. Son poco frecuentes los políticos que convierten sus memorias en verdaderos tratados de historia. Desde luego, no es el caso de las memorias publicadas esta semana

title="https://elpais.com/espana/2025-11-05/las-memorias-del-emerito-irrumpen-en-plenos-preparativos-del-50-aniversario-de-la-monarquia.html" data-link-track-dtm="">por el rey emérito, don Juan Carlos. Ignora prácticamente su vida personal, sin dar las explicaciones debidas, y no aporta elementos desconocidos sobre los hechos de su vida pública.

El hecho de que se haya buscado su publicación coincidiendo con los actos conmemorativos del 50º aniversario del acto de proclamación de Juan Carlos I como rey de España, celebrado en el Palacio de las Cortes el 22 de noviembre de 1975, resulta incómodo para el actual rey, Felipe VI, porque incomprensiblemente no se ha reservado ningún papel al rey emérito en esa conmemoración, aunque obviamente él fue el protagonista de aquel acto. Hubiera sido difícil darle encaje, porque no existen precedentes de “reyes eméritos” y porque Juan Carlos I renunció en su día con un comunicado, anunciado por el entonces presidente, Mariano Rajoy, en el que afirmaba que había decidido “poner fin” a su reinado y “abdicar la Corona de España”.