Lauren Benton repasa la historia del último medio milenio a través del abanico de formas de agresión que existe entre la paz absoluta y la guerra total (y sí, incluye la Conquista de América)

Las grandes batallas del pasado capturan inevitablemente nuestra atención por su dramatismo, ya sea por la gloria de los vencedores o la tragedia de los vencidos. Tras la victoria llega la paz, y parece que es en esos momentos donde la historia resuelve la encrucijada abierta por la guerra, donde los acontecimientos fijan su curso y ciertas alternativas quedan descartadas. La historiadora

ibros-de-historia-de-la-rentree-cultural-de-2025.html" data-link-track-dtm=""> Lauren Benton sostiene en Lo llamaron paz que esta no es necesariamente la mejor manera de entender la violencia en la historia.

Entre la paz absoluta y la guerra total existe un abanico de formas de agresión que habilitan la violencia y la atrocidad. Los últimos 500 años están marcados por un traqueteo constante de incursiones, expediciones punitivas, operaciones fronterizas, patrullas de control, acciones de “autodefensa”, violencia disuasoria, justicia retributiva y campañas de despojo. Desde los soldados que la ejecutaron hasta los grandes tratadistas, los imperios elaboraron un lenguaje para argumentar que esa violencia no era la guerra, sino que estaba destinada a evitarla. Conceptos de hoy como “ataque preventivo”, “derecho a defenderse”, “operación militar especial” u “objetivos estratégicos” se nos presentan como agresiones contenidas pero necesarias para mantener la paz. Según Benton, estas nomenclaturas contemporáneas conectan con una larga genealogía imperial que busca, en última instancia, justificar la violencia extrema al margen de las reglas de la guerra.