El rastreo de las armas con las que acribillaron a tres madres y seis niños en Sonora en 2019 conduce a dos rifles vendidos en armerías estadounidenses. Ninguna autoridad en ambos lados de la frontera investigó a fondo el origen de los fusiles ni cómo terminaron en manos del narco mexicano
Era el 9 de marzo de 2019 cuando Rhonita María LeBarón Miller, una mujer de 30 años de nacionalidad estadounidense perteneciente a una comunidad mormona instalada en México, se preparaba para el nacimiento de sus gemelos. Faltaban cuatro días para el parto, programado en el Hospital Madero de Nuevo Casas Grandes, en Chihuahua. Ella y su esposo Howard Miller vivían en el pueblo mexicano de La Mora, en el municipio sonorense de Bavispe y
niserie-documental-que-busca-respuestas-a-la-matanza-de-la-familia-langford-lebaron.html" data-link-track-dtm="">formaban parte de una comunidad mormona asentada entre los estados de Sonora y Chihuahua. Tenían cinco hijos pequeños en común y dos más, Howard y Krystal, de 11 y 9 años, respectivamente. Ese mismo 9 de marzo, un hombre acudió a una armería al otro lado de la frontera, en Estados Unidos, y compró el rifle Anderson calibre 5.56 que se usaría ocho meses más tarde en la matanza de Rhonita, sus dos hijos Howard y Krystal, los dos gemelos de menos de un año, junto a otras dos madres y dos niños más. En el ataque armado, atribuido a grupos del narcotráfico, había 14 niños en total, cuatro de ellos, bebés. Sólo sobrevivieron ocho.






