Ni el rearme ni la escalada sirven para evitar la guerra nuclear, al contrario

Si cabían dudas respecto a la nueva era nuclear en la que estamos instalados, Trump y Putin las han despejado al alimón. El primero con la orden de reanudar ensayos nucleares tras 30 años sin realizar ninguno, anunciada al finalizar su gira por Asia, antes del encuentro con Xi Jinping. El segundo, con el anuncio de nuevas y sofisticadas armas con capacidades nucleares: un misil de crucero de propulsión atómica que h...

a alcanzado los 14.000 kilómetros en pruebas, y un dron submarino, también de propulsión nuclear y largo alcance, todavía no ensayado, presentados ambos como de muy difícil detección e intercepción.

No está claro el significado exacto de las palabras de Trump, ni tampoco si pretende realizar detonaciones como antaño, probablemente subterráneas, o simplemente ensayos con nuevos tipos de misiles, en respuesta a la exhibición amenazadora de las más recientes adquisiciones que acaba de realizar Putin. Su valor gestual es indiscutible, incluso de cara al encuentro de Trump con Xi Jinping, el único dirigente asiático ajeno a la ruborizante diplomacia adulatoria exigida por la actual Casa Blanca para cerrar tratos. También cabe interpretarlas como un órdago dirigido a Moscú, previo a la negociación o la expiración del tratado Nuevo Start de reducción de armas estratégicas, el último acuerdo bilateral de desarme vigente entre Washington y Moscú, que caduca el próximo febrero.