El partido de Puigdemont plantea poner trabas al empadronamiento de extranjeros o a que puedan acceder a vivienda protegida. Todo muy similar a Aliança Catalana

Carles Puigdemont aseguraba hace unos días, al clausurar la escuela de otoño del partido: “A veces existe la tentación de sucumbir a las modas y hay gente que lo hace”. El ex president destacaba que su formación está en posesión de una “mirada de larga de construcción de la nación, que no se acaba nunca y que es permanente”.

Mientras el líder de Junts se ocupaba de la gran estrategia, las redes sociales devolvían en brocha gorda otra imagen. La IA presentaba en videos y montajes fotográficos a un Puigdemont caído en el suelo. Sobre su cuerpo se erigía triunfante la ultra Sílvia Orriols, dispuesta a abrir fuego con una pistola. La brutal agresividad partía de una pugna de fondo: la competencia por el voto entre Junts y Aliança Catalana.

La “mirada larga” es hija retórica del aislamiento político. Junts rompió el Govern con Esquerra, se quedó sin la alcaldía de Barcelona, ha finiquitado sus acuerdos con el Gobierno central, y con el PP y Vox resulta imposible entenderse. Para colmo de males, los sondeos muestran que la ultra Orriols va a morder una buena porción del pastel electoral de Puigdemont. Y es que un sector de los votantes de Junts tienen el corazón partido, tras el fracaso del procés, y se deja arrastrar por un burdo primitivismo antiinmigración de una Catalunya que imagina llena de okupas, delincuentes y musulmanes.