La advertencia de una jueza sobre el peligro de que el país caiga en las garras de los traficantes ha vuelto a desatar las alarmas sobre el poder de las redes mafiosas
Políticos amenazados, jueces intimidados, tiroteos y explosiones en plena calle, toneladas de cocaína incautadas... El escenario no sale de la última temporada de Narcos ni es un lejano país dominado por los carteles. Es Bélgica, un Estado en el corazón de Europa y sede de las principales instituciones de la UE....
La carta abierta de una jueza de instrucción, que el pasado lunes advertía de que Bélgica corre el riesgo de convertirse en un narcoestado, ha reabierto un debate recurrente en los últimos años en un país pequeño pero geográficamente ideal para las mafias: el puerto de Amberes, un complejo entramado de canales de un tamaño equivalente a 20.000 campos de fútbol, es una de las principales entradas de cocaína de Europa (en 2023 se incautó la cifra récord de 116 toneladas). En el resto de la nación, sobre todo a lo largo de la frontera con Países Bajos, otro Estado bajo el flagelo narco, florecen los laboratorios clandestinos de droga sintética fácilmente distribuible al resto del continente a través de una frontera múltiple y porosa.







