En una carta abierta, una magistrada de instrucción alerta de una “amenaza organizada que mina las instituciones” belgas y pide una estrategia “estructural” para combatirla

La alarma sonó primero en Amberes, cuyo gigantesco puerto hace tiempo que se convirtió en una de las principales entradas de cocaína en Europa. Luego se extendió a Bruselas, donde desde hace más de un año, las noticias de tiroteos en plena calle por presuntos ajustes de cuentas entre bandas de droga se han convertido en casi una rutina más de la capital belga. Los jueces del país constatan ahora lo que diversas voces llevan tiempo advirtiendo: las redes del narcotráfico están tan extendidas en Bélgica ―y ejercen tal poder en la sombra― que el país está en vías de convertirse en un narcoestado. Solo una estrategia “estructural” logrará evitar que se caiga en lo peor, advierten.

“Afrontamos una amenaza organizada que mina nuestras instituciones”, alerta una juez de instrucción de Amberes en una carta abierta publicada este lunes bajo condición de anonimato en el portal oficial de los tribunales belgas. En el país “se han afianzado amplias estructuras mafiosas, que se han convertido en una fuerza paralela que desafía no solo a la policía, sino también al poder judicial”, subraya la magistrada, que revela que tuvo que pasar cuatro meses escondida bajo vigilancia policial por amenazas e intimidaciones por sus investigaciones sobre casos de narcotráfico. Algo que, acota, le ha pasado también a varios de sus colegas, muchos de los cuales viven bajo protección policial.