Un documental cuenta los cinco años finales de la vida de la leyenda del ‘metal’, donde lucha contra problemas de salud física y mental con un único objetivo: ofrecer el último concierto antes de morir
La palabra que más utilizó Ozzy Osbourne durante su vida fue fuck. Casi cada reflexión, opinión o frase de su día a día iba enfatizada por una conjugación de ese verbo. Pero nunca adquirió más sentido que en los últimos años de su vida, cuando la utilizaba para expresar impotencia y para maldecirse. “...
I’m fucked, I’m fucked” (Estoy jodido, estoy fodido), repetía.
El domingo 2 de noviembre se estrena Ozzy: No Escape From Now (en SkyShowtime), un revelador documental que narra los últimos cinco años de su vida, un periodo doloroso, desolador y deprimente, pero sobre todo resiliente. Su triunfo consistió en reunir la suficiente fortaleza física y mental para realizar un último concierto con su grupo de toda la vida, Black Sabbath. Seguramente aquella actuación cantando sentado en un trono junto a sus compañeros en el estadio Villa Park de la ciudad del grupo, Birmingham, compensó buena parte del sufrimiento. El 22 de julio de 2025, solo 17 días después de aquel recital, el cantante más carismático del heavy metal moría a los 76 años.






