A pesar de ser pequeños insectos que se pueden triturar con las uñas, las chinches nos aguijonean con sus picotazos hasta convertir su ataque en un tormento
Los científicos son las únicas personas a las que se despierta en mitad de la noche. Algo así viene a decir uno de los personajes de La anomalía (Seix Barral), una delirante novela escrita en estado de gracia por el matemático y periodista científico Hervé Le Tellier. Con ella, Le Tellier consiguió hacerse con el premio Goncourt en el año 2020; un galardón de prestigio con una dotación económica ridícula: un cheque de...
10 euros, lo que viene a ser una cantidad simbólica para un premio que carga de mérito un texto literario.
A pesar de ser tema de actualidad, no vamos a enredarnos aquí con premios literarios. Nada más lejos, aunque lo que vayamos a tratar aquí tenga que ver con los libros, en este caso con una novela que viene firmada por Teju Cole, autor de origen nigeriano. Se titula Ciudad abierta (Acantilado) y en ella nos va narrando —desde la primera persona— el periplo de un psiquiatra a través del paisaje urbano de Manhattan. Con este planteamiento, el protagonista deambula por sus calles y reflexiona sobre el presente dejándose llevar por la memoria, una memoria científica, pongamos por caso, puesto que abarca distintos aspectos de la ciencia, desde la enfermedad mental hasta la mutación celular que provoca el cáncer, pasando por la biología en lo que respecta a las chinches y su relación parasitaria con el ser humano. Atendiendo a esto último, hay veces que Teju Cole consigue hacernos sentir picores en la piel sirviéndose de la magia de una prosa despojada de adornos y vertida al castellano por Marcelo Cohen. La fuerza de la narración llega a ser tan poderosa que alcanza las sensaciones más profundas de nuestra epidermis.






