Artificieros de la Ertzaintza hacen explotar de forma controlada el artefacto hallado durante los trabajos de limpieza de una cueva en Larraul

Lo que no habían imaginado los operarios que estaban vaciando la porquería vertida durante años en una sima de Larraul (Gipuzkoa) es que entre esa montaña de desechos se iban a encontrar con un artefacto explosivo viejo y roñoso. Esto sucedió el pasado 8 de octubre. Eran las diez de la mañana. Un equipo de especialistas colgados de unas cuerdas se había adentrado ese día en una gruta infestada de basura. Estaban participando en la limpieza de la sima Leizeta, una cavidad con forma de cono de unos nueve metros de altura que ya había sido

s.com/espana/2025-02-06/vertidos-en-cuevas-vascas-la-peligrosa-porqueria-que-no-se-ve.html" data-link-track-dtm="">catalogada por la asociación Lurpea Garbi como uno un “punto negro” por una gran acumulación de desechos en su interior.

La retirada de la basura apilada en Leizeta comenzó el día 6 de octubre tras instalar un sistema de cuerdas para descender a la gruta y asegurar previamente que los residuos no estaban contaminados con amianto, explica Uxue Lasa, espeleóloga de Lurpea Garbi (Subsuelo Limpio, en euskera). Dentro, había una tarea ingente por delante para desescombrar la sima: una pila enorme con huesos de animales muertos, vidrios, plásticos, piezas de metal, maderas, restos de material de obra, redes, 24 kilos de pilas… En plena faena para sacar al exterior esta basura, introducida en unas sacas y alzadas con la ayuda de un polipasto, los operarios encontraron un obús de la Guerra Civil, cargado de explosivo y con la espoleta intacta.