Las cajas de botín están en boca de muchos que no las conocían por una campaña del Ministerio de Consumo
Una loot box (o caja de botín, en español) es un elemento que aparece en muchos videojuegos y que funciona como una especie de caja sorpresa: el jugador paga —a veces con dinero real y otras con moneda virtual del propio juego— para abrir una de estas cajas y recibir una recompensa aleatoria. Dentro puede haber desde objetos muy comunes hasta artículos raros o valiosos, como trajes, armas, personajes o mejoras especiales. La gracia, o el riesgo, está en que nunca se sabe con certeza qué contendrá la caja antes de abrirla.
¿A qué viene esto? Pues a que el término está en boca de muchos que no lo conocían por una campaña institucional del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 que desde hace unos días es omnipresente en televisiones, radios, internet y cines, y que busca informar a jóvenes y familias sobre los riesgos de estas cajas botín. “Menos loot boxes, más real gamers” es el pegadizo claim. El anuncio no ha gustado a todos, pues muchos hablan de criminalización del videojuego o de doble vara de medir. Así que vayamos por partes.
La campaña detrás del anuncio advierte de que el 30,4% de los jóvenes españoles entre 11 y 30 años ha comprado al menos una caja botín el último año. Además, la investigación de la UNIR en que se apoya señala que las loot boxes funcionan como bisagra entre los problemas de adicción a los videojuegos y a las apuestas online: es 4,5 veces más frecuente que quien adquiere estas cajas en el último año tenga también problemas con las apuestas.






