El resurgir de los comunitarismos y el refugio que brindan las religiones pueden estar en el origen de una transformación social
Algo está cambiando. Desde hace tiempo se observa una tendencia creciente en el uso de la estética religiosa en casi todos los ámbitos, y puede que sea algo más que una querencia visual. Artículos en The Guardian, Die Welt o The Washington Post han prestado atención a este proceso. La imaginería religiosa ha vuelto con fuerza, y hay casi una rima contemporánea entre los leds de la parroquia del padre Ángel en Chueca y las películas de Sorrentino. Madrid y Nápoles siempre estuvieron cerca. En España,
://elpais.com/cultura/2025-10-20/rosalia-anuncia-el-titulo-de-su-nuevo-disco-lux-y-el-dia-de-publicacion-7-de-noviembre.html" data-link-track-dtm="">el anuncio del nuevo disco de Rosalía ha detonado de nuevo un debate que, de algún modo, ya existía. Posiblemente, lo inició C. Tangana con la polémica generada a partir de su canción Ateo, cuyo videoclip se rodó en la catedral de Toledo con la preceptiva licencia —y posterior cese— del deán.
Existen señales que advierten de que lo católico está de moda o, si se prefiere, de que hay una vuelta a coordenadas espirituales que parecían proscritas. Lo destacaba Leyre Iglesias hace unos días en El Mundo o Joaquín García Martín en las páginas de este diario. Las redes llevan tiempo debatiendo lo que ya ni siquiera parece una provocación. El todavía inédito disco de Rosalía, Lux, evidencia desde el título un retorno. A fin de cuentas, fiat lux es la instrucción con la que el Dios del Génesis arranca la Creación. La artista catalana ha adelantado imágenes en las que aparece mordiendo un rosario, y en la foto promocional se muestra tocada con un velo blanco bajo un cielo azul. No es la Inmaculada de Murillo y, para los puristas, frisará la herejía. Pero la estampa evidencia, sin embargo, una filiación manifiesta con la iconografía cristiana y puede que algo más que eso. Los artistas no solo crean, sino que detectan vanguardias que todavía no han llegado. Y, con todo, ya es reconocible un mar de fondo que indica que existen premisas que comienzan a moverse —y a removerse—, sobre todo entre los más jóvenes.






