Si no se aumentan las cuotas, el Estado debe decidir si financia el sistema mediante impuestos o renuncia a ampliar coberturas
Los autónomos son como un ecosistema: bajo una misma palabra conviven especies muy distintas. Algunas prosperan al sol y otras sobreviven en la penumbra. Son el diseñador freelance, la abogada con despacho propio, el artesano que vende por internet, el fontanero de toda la vida, el camionero y el dueño del bar de la esquina. Durante décadas, la teoría económica observó un patrón sólido: a mayor desarrollo, menos trabajo por cuenta propia. Pero cualquier predicción sobre la extinción de los autónomos ha resultado errónea. Tras un descenso sostenido,
o-pierden-13000.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/economia/2025-01-22/los-sectores-mas-cualificados-ganan-21000-autonomos-en-2024-mientras-el-campo-y-el-comercio-pierden-13000.html" data-link-track-dtm="">el autoempleo lleva desde 2015 estabilizado en torno al 15% del empleo total, unos 3,3 millones de personas. En otras economías avanzadas se observa un estancamiento similar, e incluso un repunte. El trabajo autónomo no es un vestigio preindustrial, sino una forma de empleo consolidada: flexible, desigual y a menudo sin red de protección.






