La periodista publica este jueves ‘La vergüenza. Crónica del juicio del caso Pelicot’
― ¿Y cómo está esta mujer hoy aquí?, le preguntó Roger Arata, el presidente del tribunal de Aviñón, a Giséle Pelicot, en la primera declaración que ella hizo.
― En pie, contestó ella.
Ese “en pie” resume de alguna forma aquel proceso al ya exmarido de Gisèle Pelicot, Dominique Pelicot, y a los otros 50 hombres que, invitados por él, fueron hasta su casa, en Mazan, al sur de Francia, a violarla mientras ella permanecía inconsciente después de que él la drogara para que esa violencia pudiera ocurrir, y ser grabada, y fotografiada. Lo hizo, al menos, entre 2011 y 2020. Al resumen de aquella década que supuso el juicio, en el otoño de 2024, asistió la periodista Raquel Villaécija (Madrid, 1981), casi a diario, durante los casi cuatro meses que duró. No porque el medio para el que entonces trabajaba, El Mundo, se lo pidiera. En un principio iba a hacer como la mayoría de periodistas, ir al inicio y volver para el fallo: “Supe que no podía irme, me salió de las entrañas seguir ahí. Una compañera me dijo que había coberturas que elegías y coberturas que te elegían a ti”.
Lo cuenta ella, ahora periodista de este periódico en París, porque cuando acabó el proceso no podía quedarse con “todo eso encima, dentro”. Se puso a escribir. Este jueves, Penguin publica La vergüenza. Crónica del juicio del caso Pelicot. No es solo una crónica del juicio, sino también la historia de cómo Villaécija, como millones de personas en el mundo, intentó “entender por qué y cómo podía ocurrir un horror como ese”, y cómo son todas las estructuras que lo permiten, lo facilitan o lo sostienen: como la web a través de la que Dominique Pelicot contactó con el resto de violadores, o el silencio de todos ellos durante años, también el de algunos que, aunque nunca fueron, supieron qué pasaba en esa casa y jamás denunciaron.






