La manía personal entre Trump y Petro puede hacer descarrilar un pilar de la diplomacia de Washington con América Latina

Durante décadas, la relación entre Estados Unidos y Colombia ha sido un paradigma de alianza estratégica en América Latina: un socio fiable para Washington en la región, un respaldo clave para Bogotá en su batalla contra el narcotráfico, la insurgencia y la inestabilidad. Hoy, esa relación entra en una zona de turbulencias que hace apenas unos años era impensable. Hasta hace poco, se daba por descontado que Washington y Bogotá caminarían juntos en asuntos de seguridad, comercio y diplomacia. La narrativa ha cambiado abruptamente:

O suscríbete para leer sin límites

ombia/2025-10-22/trump-vs-petro-tan-iguales-y-tan-distintos.html" data-link-track-dtm="">la escalada verbal entre Donald Trump y Gustavo Petro, dos mandatarios antagónicos en lo ideológico, nada convencionales y con un uso machacón de las redes sociales, ha hecho saltar por los aires las relaciones institucionales entre ambos países.

Trump, con su estilo amenazador y arrogante, ha acusado a Petro de “ser un líder del narcotráfico” que incentiva la producción masiva de drogas. Poco después, aseguró que iba a cortar cualquier tipo de ayuda al país. En paralelo, Petro ha replicado que Estados Unidos comete violaciones de soberanía cuando bombardea una narcolancha en aguas del Caribe que podría haber sido colombiana. Este tipo de intercambio no es únicamente una disputa diplomática; supone un deterioro profundo de confianza y cálculo estratégico. Lo que antes era cooperación, ahora roza la confrontación abierta. Ambas partes deben frenar.