Las operaciones encubiertas de la agencia, que Trump ha confirmado esta semana, remiten a los golpes, intentos de magnicidio e insurgencias apoyados o ejecutados por Washington en la región durante el siglo XX
La larga, y a menudo siniestra, historia de intervenciones de Estados Unidos en Latinoamérica parece estar a punto de escribir un nuevo capítulo. Tras un siglo XX de activa injerencia, a veces patente, como la invasión de Panamá en 1989 —otras, pretendidamente encubierta, como el patrocinio del golpe de Estado en Chile contra Salvador Allende, en 1973—, la Administración de Donald Trump ha autorizado operaciones encubiertas de la CIA en Venezuela. Si a eso se suman los cinco ataques contra supuestas narcolanchas y un pequeño submarino en el Caribe, y la extraña retirada del jefe del Comando Sur, a cargo de las operaciones militares en la región, dos años antes de lo previsto, la presión sobre Nicolás Maduro se vuelve aún más directa.
Muchas dictaduras latinoamericanas se construyeron gracias al apoyo de Estados Unidos tanto a los autócratas como al aparato de poder en que se sustentaban: la memoria de la siniestra Escuela de las Américas, que formó a más de 45.000 oficiales latinoamericanos y les instruyó en tácticas de guerra sucia, aún no se ha borrado, aunque cerrara sus puertas en 1984.










