El cubano fue expulsado en junio pasado a Esuatini, donde permanece tras las rejas a pesar de no haber cometido ningún delito en ese país y tras haber cumplido sus condenas en EE UU

Cuando en el sur de África eran aproximadamente las cuatro de la tarde, y en el sur de la Florida las diez de la mañana de este viernes, Roberto Mosquera — King Power, para los pandilleros— levantó el teléfono en su celda de la prisión de máxima seguridad de Matsapha, en Esuatini, y habló con su mejor amigo en Miami. Hace dos días entró en huelga de hambre y está dispuesto a alargarla hasta las últimas consecuencias. Fue deportado a ese país el pasado mes de julio, algo que solo supo cuando el avión aterrizó a más de 12.000 kilómetros de casa. “Me dijo que lleva sufriendo mucho tiempo, no se siente bien y tomó la decisión de ponerse en huelga”, cuenta su amigo, un exintegrante de los Latin Kings, la pandilla que en los años ochenta lideraba las calles de Miami y de la cual Mosquera fue jefe.

“La huelga es la única solución que ve, hasta que el Gobierno americano haga algo”, dice su amigo —que pide mantenerse en el anonimato—, tras hablar por 10 minutos con Mosquera, de 58 años, quien estaba rodeado de guardias armados, dentro de la celda donde en las últimas semanas ha perdido más de 18 kilos y mucho cabello a causa del estrés. La huelga, por su corta duración, aún no ha hecho su propio daño en el cuerpo de Mosquera, un tipo no muy alto, pero fornido, que levanta pesas y le gusta jugar dominó, pescar o practicar boxeo.